martes, enero 06, 2009

El eterno resplandor de una mente sin recuerdos posteo aparte

No recuerdo haber visto una película que representara tan bien la esencia del amor, y eso para no ser platónica, es demasiado decir, como decir que encontré una película de Carrey que me gusta como actúa.
Concluyo al verla que sí, es verdad, hay amores de esos “fugaces amores eternos” que no pueden ni olvidarse ni recordarse, como si el sentimiento los atravesara y rompiera al tiempo en mil pedazos.
Muchas veces uno se empecina en recordarlos con lujo de detalles para no olvidarse nada, como creyendo que de esos pedazos al juntarlos se trata la felicidad, pero el recuerdo los convoca, no los revive jamás y si al recordar uno ingenuamente cree revivir, automáticamente algo nos hace volver a la realidad, que aleja al recuerdo y lo mata; una y otra vez lo mata. Olvidar para Nietzsche es símbolo de sanidad, de vida, de afirmación de la vida...¿por qué? El niño, superhombre, él, el otro hombre, el infante, va al encuentro de las cosas sin memoria, sin impresiones previas, sin prejuicios, sin marcas, sin recuerdos, para crear en ese constante primer encuentro con las cosas de la vida, nuevos valores no preexistentes. Sin embargo, por más que uno recuerde cómo fue esa vez que por primera vez uno vio el mar, o sintió el amor, o degustó una mandarina, para el caso es lo mismo, de esos pocos momentos únicos de la vida, jamás el recuerdo se vacía de esa primera impresión, porque es la primera y nunca lo que vino después se parece. Jamás ver por segunda vez el mar, es lo mismo que la primera. Entonces vale la pena vivir el primer encuentro con el mar y saber que nada de que lo se vivió antes podría entenderlo, atraparlo. A fin de cuentas, no importa ignorar cuando uno no sabe nada.
Cuando uno se enamora, y uno no se enamora de una persona, porque sería como pensar que uno se enamora del agua salada, y no, uno se enamora de la inmensidad del mar, de lo inconmensurable, de lo que no posee referente, de lo que uno no esperaba que pasara, simplemente porque antes no había tenido existencia...uno no se enamora de la persona, se enamora de lo que descubrió con esa persona, de lo que creó con esa persona...mandarina, amo esa fruta, sus gajos, su olor penetrante, su color sin colorantes, mandarina...no recuerdo la primera vez que la degusté, lo que sí recuerdo en cada invierno es qué rico sabor tiene, amo esta fruta, casi tanto como a vos.

Trepemos alto como construyendo un precipicio, no tengas miedo de la altura, si caemos, la caída también será nuestra. No te distraigas con torpezas ajenas, si ellos caen fue porque dejaron de creer.
No me mires enojado, no me mires pensando que estoy loca, esta locura es nuestra también y no del pasado...


Pucha, como desearía no imaginarte, tenerte acá a mi lado y no hablar como si estuviera loca.
¿A dónde fue lo que tuvimos? Sería triste que ninguno de los dos sepamos la respuesta, ¿por que razón dejamos de buscarlo?, ¿por que puta razón lo perdimos?
Escribirte no es tenerte, eso está claro. Escribirte, es un hecho.

Agustina Saubidet

2 comentarios:

Anónimo dijo...

excelente! el dolor a flor de piel.
felicitaciones

Bizomáticas dijo...

Gracias Anonimo, tan a flor de piel que por momentos me sale alergia.
Saludos. Gute