martes, enero 20, 2009

Tengo miedo a los ascensores


Subo al subte, línea D, Agüero. Tengo miedo de quedarme encerrada en el subte, me falta el aire. Intento pensar en otra cosa, me hago la que miro revistas, no miro nada, a nadie miento, sigo sintiendo que en cualquier momento me ahogo. Llevo en mi mochila el libro de Duras, mi amuleto ante la posibilidad de encierro. No hay lugar en el subte para leer, estoy metida entre dos alemanes y un señor con un bolso enorme que lleva más pesares que otra cosa. Falta menos para bajarme, pienso: es en catedral. Quiero escribir, escribir me hace pensar en otras cosas, Duras me hace pensar en otras cosas que no son encierro. Llego a Tribunales, me quedo sin pilas en el mp3, ni la música puede salvarme. Leo los carteles, el recorrido del subte D, cuento las estaciones que faltan para ver el cielo, otra vez no quiero pensar en el encierro, quiero escribir.
9 de julio, la locutora anuncia combinaciones posibles, quiero irme, falta menos, quiero llegar.
Catedral, por fin la salida, todos caminan hacia la escalera, soy una más, pero distinta, me sé distinta por mi escritura, una escritura que la gente ignora, una soledad condición de la escritura que queda escondida detrás de mi fachada de persona y parezco una más. Sin esa sutil deferencia, soy una más. Subo la escalera mecánica y pienso ¿sabrá la gente la tristeza que se oculta detrás de una escritora que no ha publicado nada? Para que se sepa la condición de la escritora, digo, esa soledad irreductible, pienso en la publicación, no para hacerme famosa, si para que la gente sepa mi condición de escritora y lo que conlleva: mi soledad.
Salgo a la superficie, vuelve el cielo y sus nubes. Hay tanta gente por Florida, hace tiempo que no recorría sus calles. No quiero cruzarme con nadie. Antes era inevitable y deseado encontrarme con alguien por Florida. No quiero que me vean así, perdida por las calles, ahogada, siendo una más entre tantas hormigas, sabiéndome diferente sin decirlo. Florida en tanto mi paso, Citibank, Berlitz el jazz por las calles y Ella Fitzgerald. invitándonos a bailar, Javier bailando, deteniendo del tiempo, allá por el 98, cuando con Iris nos veíamos todos los días, o casi todos, no como ahora que está en Londres y la extraño. No quiero recordar quien fui, ya no más, ya no soy eso y Florida me recuerda lo que fui, Florida y Juan, Sam y Florida, Manu y Florida, cobranzas trámites, Cromañon y Florida. Recuerdos que cortan la misma calle.
Doblo por Sarmiento creyendo encontrar otra cosa, y no encuentro más que lo mismo, la gente que camina por Florida o por Sarmiento, da la sensación de que no les pasa nada, que no van a ningún lado, que no salen de ningún lado, que se han pasado la vida caminando sin ninguna pausa, sólo eso, sólo caminan, siempre igual, sin mirar al costado, esquivando a otros que caminan igual que ellos, sólo caminan. Viven para caminar.
Llego a mi destino, Sarmiento y Reconquista me piden los datos para entrar al edificio, me sacan una foto, me dan una tarjeta que garantiza no sólo mi entrada, pienso, sino la salida. Es en un cuarto piso, ascensores herméticos, tengo miedo de quedarme encerrada, le pregunto al de seguridad si puedo ir por escalera. "No, sólo por ascensor". Enfrento mi miedo, tengo a Duras conmigo, a mi amuleto. Somos varios, uno seis, no los cuento, somos varios. "¿Me marcás el 8?" "Sí, claro", contesto. "Gracias", me dice. Sonrío. Quiero llegar rápido al cuarto. Las puertas están por cerrarse y un ejecutivo último modelo se entromete, le pide al que me había pedido, que marque el 2, "¿cuál?, ¿éste?" Señala el botón con el número dos y pienso, "¿es tonto? De qué otro dos podría tratarse en un ascensor", en un encierro. Somos siete, sin contarnos. Si me agarra un ataque si el ascensor se para. ¿Quién me ayudará de ellos?

Llego al cuarto piso. Dos puertas contiguas, dos porteros eléctricos aseguran a quienes están dentro, a mí me ahogan. Me piden de nuevo el DNI, firmo, me dan papeles, me quiero ir rápido. Me dirijo al ascensor para irme y ver el cielo y sus nubes. No quiero bajar sola. Atrás mío sale un chico, bajo con él. Me dice que no le gusta el centro, que lo agobia, que es de la provincia y quiere irse. Le comento lo de la gente que camina, se ríe. Llegamos a planta baja. Paso por el molinete la tarjeta, me quedo atrapada en medio del molinete, el chico me dice, no nos dejan salir, el guarda, destraba el molinete. Me voy corriendo, ni me despedí del chico, no quería ni verlo, quería irme, quería evitar saludarlo, saltarhuiralejarme. Bajo hasta Alem y Corrientes, me siento distinta, me visto distinta de la que fui allá cuando lo amaba a Javier, cuando era recepcionista, cuando creía en el amor eterno y perfecto. Ya no formo parte de este mundo de Florida...sé de dónde vengo, pero no sé a donde voy. Eso me diferencia algo del resto de la gente que anda por Florida, pero no me diferencia del todo, ni me deja tranquila.
Quiero llegar al consultorio, a ese bendito edificio donde varias veces en el ascensor me quedé encerrada. Se hace tarde, tengo que tomar el subte B, pero qué hago si el subte se detiene. Agarro mi amuleto, mi amuleto Duras. Escribir. Llevo la escritura conmigo sin que nadie lo sepa, llevo conmigo la salvación y la muerte. Ambos están conmigo en el medio de una larga agonía. Salgo a la superficie, Pueyrredon y Corrientes, ya no tengo miedo al encierro, de eso ya no. Subo al ascensor sabiendo, como otras veces, que puedo quedarme de nuevo encerrada. Por primera vez miro hacia arriba. Es de esos ascensores viejos, que tienen rejas y aberturas por todos lados. Si uno mira el techo, desde adentro se puede ver el cielo y sus nubes. Subo. Por primera vez descubro que en realidad no estoy encerrada y que nunca estuve encerrada porque al final se puede ver la luz del cielo y la salida, y sube y sube y sube y sube, aunque el diario mañana anuncie que he muerto aplastada.
(uno anticipa tanto que anticipa el final)

Agustina Saubidet 02/07/2008


http://www.flickr.com/photos/gonzalo_ar/234562481

2 comentarios:

charly dijo...

entre tus recuerdos que cortan la misma calle... existe uno... aquel que nunca nos va a dejar respirar sin ahogos. y a veces, el subte se le asemeja bastante.

Bizomáticas dijo...

sí ...