domingo, febrero 01, 2009

Encuadro: Algo sobre mí (Escena 1)

A Paul Newman y William Hurt

Algo sobre mí
Sobre mí
Nada
Sino que una me dice al oído
“cuando el hombre llega a ella, cuando estaba ahí”
y otra me dice:
“Cuando estaba ahí para escuchar la promesa del llamado de su mujer”
Otra me dice:
“yo prefiero el cuadro de la mujer con un corazón incrustado sobre el pecho izquierdo. Con un corazón que gotea sangre o leche sobre la boca abierta de un hombre agarrado a las rodillas de una mujer, casi como saliendo por abajo, de la pintura” (1)

Así, exactamente así, me lo dicen
Y yo les doy las gracias; y en realidad no sé que prefiero
Otra me dice:
“No prefieras nada que no entiendas, que no quieras”
Y alguien pregunta; y nadie contesta; y mis gracias, ¿dónde quedaron?

Me dijo su nombre, algo de Diego, que su corazón hacía años ya no goteaba sangre, ni leche, ni sudor-
-Diego -me dijo
Yo le pregunté algo sobre mí
El aclaró que cuando había llegado yo ya estaba ahí, sosteniéndolo con mis rodillas, y no me di cuenta
-Disculpe mi atrevimiento, Diego, debo haberlo confundido con alguien más.
-Imposible- me digo-No hay nadie más acá. Más que usted y yo
-¿Y las voces?
-ellas no hablan siempre, se van, vuelven. O mejor dicho, no siempre las escucho.
Hay veces que no entiendo lo que dicen.-Diego aclara--No me hablaron de usted, ni de sus pechos, ni de sus goteras,
-¿Qué sabe usted de mis goteras?
(Estoy enojada con Diego)
-No se enoje. Le aclaro e insisto, no sé mucho, sólo algo de un cuadro y de nosotros y de sus rodillas
-Yo sé de mis rodillas- le aclaro- pero usted no debería saber de mis goteras
-Disculpe, tal vez fue un atrevimiento hablar de sus goteras, disculpe fueron las voces.
-Ella no están, usted lo acaba de decir, Diego. Les voy a preguntar después, cuando vuelvan. Pero ¿qué hacía usted en mis rodillas? No me diga que no sabe. No le creo, Diego.

(me gusta su lunar, como puntuando su cara, su boca es un gran paréntesis, me pregunto qué aclaraciones estará encerrando)

Las voces me interrumpen
“No dejes que se vaya.”
Otra me dice,
“Eso no quiere decir que le pidas que se quede. No le digas nada, él va a entender”

(Diego me mira, no sé si me entiende, no quiero que se vaya, no puedo evitar que se marche.)

-Cuénteme de usted, Diego.
-¿De mí? No hay mucho.
-¿Y de su lunar?
-Mi lunar no sé, habla como las voces, prefiero no hablar de eso –sonríe-.

(yo sonrío más tímida, cierro los ojos, no quiero que vea en mi mirada algo que ruegue que se quede, porque si el se quedara…)

-perdón ¿qué iba a decirme?
-Mi nombre, no me he presentado. Soy Lucía

(lucía aquella vez, su vestido azul profundo de raso tornasolado, bailaba con sus pliegues, sus piernas no se enredaban. Tengo que decirle quién soy)

las voces le sugieren: “no le digas nada, ella tiene que saberlo ya. NO te lo va a decir nunca, es mejor que no te lo diga.”
-Lucía, debo marcharme. He comenzado a sudar escarcha y pronto comenzaré a mancharle el piso.
-Quisiera volver a verlo. No se vaya, Diego. Quédese en mis rodillas.
-Pero y ¿las voces, Lucía?
-Déjelas, yo las voy a convencer de que usted es bueno, que sabe de mis rodillas y fíjese, ya no me molesta que sepa de mis goteras. Quédese, junto a mí. Mire, tengo cuadros sin enmarcar y necesito de sus labios y de su lunar para poner esta habitación en orden.

(es increíble lo bella que se ve cuando se desespera, quisiera que se viera en un espejo, que pudiera ver lo que yo veo de ella cuando ella se desespera)

-Podría quedarme aquí.Un tiempo no estaría mal.
-¿Podría entonces ayudarme, Diego?
-Sí claro, pero no sin antes decirle que no deseo cerrar está vez, ningún paréntesis y menos aún…
-¿Que cosa?
-Sus rodillas,
Lucía, sus rodillas.
Continuará mañana...

Agustina Saubidet

(1) la negrita corresponde a un texto de Beatriz Catani a partir del cual mi profesor Alfredo Staffolani (en el marco del taller de escritura), me pidió que siguiera escribiendo. El texto finalmente se volvió una suerte de "obra de teatro" formada por tres cuadros y/o escenas. Esta fue la primera.

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