miércoles, abril 21, 2010

Cuando la sensación toma al cuerpo, la acción le gana a la cabeza

¿A dónde iría, si pudiera irme, qué sería, si pudiera ser, qué diría si tuviera voz, quién habla así diciéndose yo? Repóndanme simplemente mientras otro con frivolidad, pero con buen gusto, apoya sobre mis vértebras un bien reconocido protector solar.” Y entonces empiezo a encontrar seudas respuestas que no pienso, simplemente me respondo, él su mano, el olor a dermaglos 40, mi piel blanca, su mano sobre una piel que supo de niña llenarse de ampollas y me daba tanta vergüenza de niña que me vieran llena de ampollas en la pileta del GEBA y en realidad era por descuido de los adultos que mi piel se ampollaba. Ahora es distinto; ahora me cuido sola, ahora él y su mano sobre mis vértebras…como dibujándolas una a una y me daría vuelta simplemente para agradecerle que esté ahora él encima de la vergüenza de mis ampollas, pero no le digo nada, porque no tengo voz, porque no tengo respuestas frente a lo que encuentro, yo tirada, la loneta a lunares horrible de mi madre es hoy una bandera de brasil que elegí yo, que no me hace transpirar, sonrío, él no lo sabe, no sabe que soy feliz, tal vez soy feliz por no preguntarme nada ahora, ahora que él me pasa dermaglós 40 y cuenta mis vértebras una a una como trepando una escalera, me hace masajes por toda la espalda, hasta apretar con fuerza los hoyuelos, esos que tengo justo arriba de la cola, esos que hacen que mi culo se vuelva una cara, son puntos centrales de olvido y de contractura, de dolor y de cervicales podridas, él me aprieta como si fueran dos botones, como eyectado todo eso que no quiero de mí, yo no me muevo, por primera vez dejo que me acaricie toda y me llene de crema una y cien veces, que la bandera de brasil se llene de crema, como mis hoyuelos, yo sonrío, mi cara apoyada de costado, con los ojos cerrados, aún veo el mar, porque lo escucho, escucho el mar cuando hay algo del mundo que me calienta y no es la arena.

¿Y a dónde iría? Tal vez la pregunta sea otra, la pregunta correcta es, ¿quiero irme?, ¿qué pasaría si me quedara? Tomo sus manos, las detengo con fuerza, me doy vuelta, él se sorprende, mis piernas rojas se enganchan en sus pantorrillas marcadas, y se trepan hasta llegar a su espalda. Me lleno las manos de crema, lo tiro encima mío, no hay espacio para respirar, lo sabe-lo sabemos, yo llena de crema, mi cuerpo lleno de crema, de su crema maldita, puta, que nos pega, que nos perfora, separarnos ya no podemos, mis manos llenas de crema perforan sus vértebras. No hay dolor. Lo miro, siento que lo miro yo, él no me mira, él sangra y mis manos sólo buscan más sangre. El mundo parece ahora pertenecer a otro mundo que no somos nosotros, tengo miedo, mucho, me tira del pelo, para atrás, mis vértebras suenan, respira junto a mi oreja, lame mi oreja, la muerde, lo beso y tiene gusto a dermaglos, pero ya sin número; me vuelve a tirar del pelo, mis ojos se llenan de lágrimas, pero lágrimas de ardor, como si el pelo ardiera… estrujo mi manos hasta llegar a sus riñones, emite un quejido, le duele, me gusta que le duela porque sé que fue por la presión de mis manos, como si emanara de mis tentáculos todo mi dolor, mi goce y le llegara hasta sus riñones, hasta perforarlos, hasta gemir, hasta acabar sin buen gusto, envueltos en dermaglos.


Agustina Saubidet Bourel


PD: a falta de muzza, una grande, publico cosillas del taller de escritura, mientras vuelvo a los borradores de mi novela inconclusa, toujours…Mi profe Alfredo Staffolani, alias Staffo, se comprometió este año a lograr que mi escritura pase del pajerismo mental de los mundos adentro, a la acción realizada. Entonces, tiró consigna tensa entre esos dos mundo, el de Beckett y la mano de un otro pasándole protector al cuerpo del personaje (intervención de Staffo sobre Beckett). Me metió en un brete y la solución más fácil era el pajerismo mental; pero no, cada vez que me metía en el mundo de adentro, para evitar conectar con la acción, Staffo me decía, "no no, ponele acción, conectate". Así que le puse un poco de acción al cuerpo, conclusión: el título del post.

Ok voy a dejar de leer a Beckett y me voy a poner las pilas con Carver y Faulkner y a recordar una y otra vez, a Sallinger y sus nueves cuentos.



2 comentarios:

sonoio dijo...

qué epílogo!!!

un post buenísimo!

un beso gute

un beso bizomáticas

Bizomáticas dijo...

tante grazie, Sonoio. Serán momentos de publicar sólo epílogos ¿sin obra? usted qué dice mi estimadísimo.
Lo abrazo forte forte,

Gute de la lunabizoma a la lunalugano