viernes, noviembre 19, 2010

Soledad es Singularmente colectivas

a mis cumpas de Cátedra


Es de día, me quedé en casa viendo como un mundo se desmorona del otro lado de la persiana, hay soledades que abrazan, pensé y ésta es una de ellas, todo el resto queda del otro lado de la persiana, todo eso otro que no quería y lejos de la nostalgia, hubo un alivio, una necesidad de volver a mí y no tanto a lo desmoronado.

Cumplía mis rutinas con la responsabilidad de siempre, sabiendo que hay cosas que limitan, pero esas cosas son de los otros y los otros tampoco pueden solos, pero eso no quiere decir que uno pueda por el otro y menos que tenga derecho a hacerlo. Allá vos con tus problemas esos que tantas veces camuflaron mi no poder conmigo misma, entendí en esa soledad que la compasión bien alejada estaba de la potencia, que siempre la mala conciencia me gana, siempre, o eso era antes de desmoronarse el mundo.

¿Me ayudás con esto?, decían desde los escombros. Claro; eso no quiere decir que esta vez no prefiera ver cómo los otros hacen con su mundo desmoronado del no pudo, ya no puedo hacer nada con los escombros, en mí habita una alegría solitaria que llena de lágrimas mi almohada y apenas me permite dormir.

Soy un conejo que salta en una cama que no duerme.

Abrazo ciertas soledades, aunque admito que me entristece ver los escombros del otro lado de la persiana, ya no quiero ver como los otros pueden lo que yo no puedo o lo que pudieron por mí, prefiero verme en una marcha rodeada de todo lo que todos podemos, aunque no estemos de acuerdo con ese todo.

Hay dolores singulares que nadie entiende y que reclaman explicación, pero que yo no puedo explicar, hay una alegría en el baile. Pienso en Africa y en Michaux y me salvo por encontrar ahí algo de lo absurdo inexplicable, pero eso pasó después, antes de pensar en eso pensé que el sistema te cansa, el sistema es también el escombro de un país, de una nave, de un continente entero, la obstinación de la perfección inalcanzable, eso que nunca seremos. Me acordé de la planta, esa planta que nacía sobre una baldosa de un balcón en un piso once, nacía de una baldosa rota, no de una maseta y¿ qué hace ahí?, ¿tiene derecho de ser? La planta no piensa en términos del derecho, ejerce su presencia desde un rincón de un balcón que nadie nunca verá, salvo que quiera, así como nació, sola, (sin que nadie la espere, ni la nutra, ni la siembre), ejerciendo meramente su potencia de ser ahí, donde nadie pensaba que pudiera una planta nacer, ahí nació y mi angustia al descubrirla, encontró su balcón y mi soledad un lugar. Pienso que es como Africa o como algo de lo que me dijo Michaux, y que me permitió decir algo de eso que no sé cómo explicar, y escribí

En Africa me encontrás, Africa que es como la noche, un bosquejo de la patria que no fue porque nunca quiso ser patria, quizás ser mar, no patria, ni propiedad, ni clases y la patria que no fue de noche, estalla semejante a lo digno, digno con la humildad de la catástrofe, reducida a la muerte que es como el sol la nombra del otro lado de la persiana, la nombra desde el escombro, pero no la entiende. Por eso debe ser que el sol no entra por mi ventana, me sumerjo en mí, que es casi como derribar la noche, hasta abrazarla y me quedo pensando en la muerte, eso que nos habita a todos, esa misma que ya nadie quiere y que nadie puede evitar, porque la muerte nos encuentra a todos igual, sin patria, sin clases, y que el sol escombrado nombra del otro lado de mi persiana.

Basta ya de noche. No quiero más esto, quiero eso otro que está en mí, aunque lo demorado o la perfección no lo entiendan y desde los escombros nazca la burla. No, ché, sabés, no puedo con esto, puedo con esto otro que se llama ritmo, no patria; para bailar de noche o de día (importa acaso cuándo se baila), puedo con esto otro que se llama ritmo, no patria, ojalá lo entiendas, es un deseo, no un poder, es un deseo digno, me dirías, pura potencia en mí, el canto desde Africa, diría Michaux, el grito más absurdo, más gurual ese que canto con mis mano al borde de un djembé abrazado de madera de algún árbol muerto que lucha por renacer en medio de una hermosa soledad que toca a mi puerta, inundando una cama insomne, plagada de ritmo.

Gute

martes, noviembre 16, 2010

El tifón colectivo


"La alegría es la efectuación de una potencia. Una vez más, no conozco ninguna potencia que sea mala: el tifón es una potencia, que debe regocijarse en su alma, pero no se regocija de destruir las casas, sino de ser. Regocijarse lo es de ser lo que se es, es decir, de haber llegado allí donde se está. Así que no se trata de la alegría de uno mismo, que no es una alegría. La alegría no es estar contento consigo mismo. En absoluto, no es el placer de estar contento consigo mismo: es el placer de la conquista, como decía Nietzsche. Pero la conquista no consiste en sojuzgar a la gente. La conquista es, por ejemplo, para un pintor, conquistar el color. Sí, eso es una conquista, sí. Ahí está la alegría. Aunque la cosa acabe mal, porque, en estas historias de potencia, cuando se conquista una potencia, o cuando se conquista algo en una potencia, aquello corre el riesgo de ser demasiado potente para la persona misma, que se vendrá abajo: Van Gogh".

Gilles Deleuze, Abecedario.
Foto Lobos, Prov de Buenos Aires, Argentina by Gute

yo conquisto un sonido
vos conquistás el aire
él conquista un color
nosotros conquistamos el mundo
ustedes y ellos, ¿qué importa?
...¿acaso importa?


El tifón colectivo