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martes, septiembre 22, 2009

Lo que vive, no se sueña



ANOCHE soñé CON UN MUERTO
UN MUERTO QUE DORMIA a mi lado
UN MUERTO,
Sí, UN MUERTO vestido de blanco
HELADO DE LADO ESCALOFRIANTE
UN MUERTO

ANOCHE SOñé CON UN MUERTO

Me desperté angustiada, después pensé que era una metáfora, porque lo es, es la metáfora de todo lo que ha muerto en mí y está aún a mi lado (por suerte ya no dentro de mí).
Los proyectos que no fueron y se transformaron en puras mentiras; los sueños reales que viví y ahora son recuerdos que están a mi lado, muertos (recuerdos muertos…). Las preguntas mal formuladas ¿para qué me querés libre? Reformulé la pregunta, gracias a la muerte y ahora sí puedo contestarla: me sé libre ahora, mucho más que antes, de lo que fui históricamente, libre:

Debajo de mí, nada
Arriba mío, nada
A mi lado derecho, un abismo
A mi lado izquierdo, un muerto; sí, como el del sueño, un muerto.
Anoche soñé con un muerto y me desperté pensando que era una metáfora.

Gute Saubidet

miércoles, junio 10, 2009

Olores 2

Me he dado cuenta de que la muerte tiene olor. Me di cuenta cuando hablé con Laura, le hermana del electricista que hizo trabajos en casa (yo suelo hablar mucho con la gente, sobre todo cuando puedo pasar un rato y me gusta pasar rato con gente).

El asunto es que Laura vino hasta casa a ver cómo habían terminado el trabajo, después caminamos un par de cuadras juntas y sentí ese olor y me contó de su enfermedad, que tiene cáncer, hace años, que lucha mucho por vivir, que hace 10 años que lucha.

Me acordé de mi abuela, de los chicos de cromagnon, pensé en Laura y en su olor y me pregunté si ella lo percibiría.

Es un olor difícil de describir. No es un olor feo, un olor sucio, es un olor a plástico denso, a remedio…no sé, hay quien dice que es olor a flores de cementerio. Yo no podría definirlo con exactitud, tendría que volverlo a oler para describirlo con mayor precisión, pero la verdad es que preferiría no olerlo nunca más.

No es como el olor a la canela que no me gusta y detesto cuando al capuchino lo arruinan con eso. La canela me da asco; pero puedo olerla (no mueve ninguna emoción, simplemente no me gusta); en cambio el olor a muerte no puedo dejar se sentirlo y de percibir un único sentido cada vez que lo huelo: la muerte anda cerca.

Hoy otros olores que me gustan mucho más. El olor a verano que está por llegar e invade todo buenos aires. Es un olor nítido, claro, cálido; me hace sonreír, rejuvenecer, me aliviana, sobre todo cuando ese primer viento de primavera, de finales de octubre, entra en mis fosas nasales.

Ojalá uno pudiera mezclar estos olores. No sé, mezclar el olor a muerte con el olor a verano y tal vez hacer de eso, un olor a vida nueva, menos mortificante y sin canela, por favor.


Agustina Saubidet Bourel

miércoles, febrero 18, 2009

Reflexiones sobre una servilleta: Toma 2 (Simbiosis)


Resulta curioso que siendo M lo único cierto e inevitable en V, nunca parezcamos lo suficientemente listos para afrontar lo simbiótico de esta relación.


Será acaso porque no existe fórmula mejor que M para acercarnos a V?
Será esa proximidad la que duele?

Leri.-


Gracias Silsifa (Silvina Ferradal) por la ilustración y la onda... :-)
(http://whisperingcolors.blogspot.com)

martes, febrero 17, 2009

Un absurdo y un error / Un gran tipo


Caleta solía confundir la cantidad de autos de un cortejo fúnebre con una medida de la grandeza de la persona en cuestión.

Así lo sintió aquella vez.
Mientras contaba los vehículos de una fila que no parecía acabar, miró a su padre con ojos nublados de angustia y dijo:
"Hoy falleció un gran hombre".


Absurdo: lo que Caleta no sabía es que 10 años después, su padre iría a reprocharle por ese día en que habría preferido a otro tipo sobre él (ese complejo tiene nombre?).

Error: Si la grandeza fuera el resultado de un concurso de popularidad, muchos de aquellos que más admiramos -y cuántos magnánimos incuestionables!- correrían el riesgo de ser acusados de insignificantes microbios.


Leri.-


Dedicado a esos microbios sin cuya influencia sería difícil imaginar nuestra vida.
(Y a vos... Cuáles se te ocurren?)



Foto: Funeral Procession, de Ellis Wilson
... texto en memoria de Eugenio Heit.



sábado, febrero 14, 2009

Fragmentos de novela 3, a Julio Cortazar

Hace dos días fue un nuevo aniversario de la muerte de este grande, Julio Cortazar. Aquí un breve homenaje desde mi novela. Un diálogo entre Comoquieras y Miguel en un auto en la ruta. Agustina Saubidet


"- Comoquieras, ¿vos creés en la magia?- dijo Miguel mientras sacaba de su cuello una moneda.-

Tengo algo para mostrarte. No es nada magnífico y se escucha medio mal, pero cuando lo escuches, sé que te va a encantar. Es un cassette que armé con un par de discos que tengo de Cortazar leyendo Cortazar. Empieza con Torito un cuento magnifico y una introducción aún más genial donde el tipo habla del lenguaje como nadie habló: el habla porteña. Pará que lo tengo que rebobinar.

A veces cuando escucho a Julio Cortazar en ese cassette que tengo, pienso que definitivamente este tipo no puede estar muerto. Después pienso en su muerte y me acuerdo que cuando fui a Paris le dejé el ticket del metro en la tumba y una carta que se iba a echar a perder porque llovía mucho, pero sin embargo la dejé.

El tipo tenía una gran habilidad para escribir como uno piensa en el colectivo, genialidades que no se encuentran en los libros, que salen de la calle y no pueden morir en tumbas o eso creía yo, al menos

-Ahora ¿qué pensás?

-Que la muerte es un silencio jodido y largo y nada más que eso.

Cortazar me enseñó a jugar con las palabras y con el tiempo. Saberlo muerto es también jodido, porque entonces el tiempo que uno cree eterno, como ese tiempo del colectivo, aunque sea en un instante o tres paradas, la muerte lo vuelve real y caduco. Un nombre, una fecha, tickets de metro, no hablan del tipo, hablan del tipo que regaló su tiempo a la escritura, o le regaló a la escritura un tiempo.

-A mí me asusta la muerte, ¿a vos no?- le pregunta Comoquieras

- La mía, ya no tanto. Tal vez sí la de los otros porque me recuerdan mi propia posibilidad de muerte. Un acto egoísta, seguro pensás, y tal vez sea esa la realidad de un escritor. Un egoísmo melancólico que intenta escapar a la muerte sobreviviendo en millones de papeles o cassettes.

Me hubiera gustado conocer a Cortazar, por ejemplo, tomarme unos mates o un café con él., escucharlo en una cinta no es lo mismo que tenerlo en frente. A Torito lo tengo oído como 50 veces y de vez cuando, lo confieso, me canso de escuchar lo mismo, porque me lo sé de memoria y sé donde está cada silencio, pero aún así siempre intento encontrarle algo nuevo, como buscando que su palabra renazca.

Cuando estuve aquella vez en el cementerio de Paris y le dejé esas palabras, en realidad sentía como si el tipo fuera un tío querido, un amigo próximo, un juglar.

Seguramente, él pensaría que dejarle esa carta no tenía sentido, porque el mundo simbólico no se detiene frente a una tumba, menos aún frente a un nombre, o un libro.

Y fijate una cosa, es raro pero la muerte, unida al recuerdo y a las reiteradas lecturas y escuchas de la escritura de Cortazar y de su pensamiento, me hacen sentir con la facultad y el derecho de imaginar que ya sé lo que piensa el tipo, una locura. Más allá de Cortazar, calculo que esto pasa en general con la muerte.

Uno le teme a la muerte antes, pero una vez que ocurre, con alguien cercano, por ejemplo, el temor desaparece y aparece la ausencia. Y los que quedamos vivos, frente a esa nada que deja la muerte, nos imaginamos y nos sentimos en algunos casos con derecho hasta de afirmar como pensaría y opinaría el tipo que se murió, como negando lo que pasó, prolongando en nuestra imaginación una vida que ya no existe, porque la realidad es que el tipo se murió y no piensa más. Es como que necesitamos apropiarnos del lugar que deja ese otro, para entender lo imposible de entender y suponer que aquí no ha pasado nada y que todo sigue igual. En esos casos, lo que uno hace con la muerte, degrada al deseo y corrompe la realidad más próxima. Ahí la imaginación, no es más que una mera suposición, que en nada arregla las cosas, digo, Cortazar sigue muerto y la verdad que es una cagada…y me jode y me duele que se haya muerto.

El tema no es la muerte, sino lo que uno puede hacer con ella. Tampoco sé si hay una edad para pensar en la muerte, como tampoco hay una edad para morir, sí para el resto de las cosas…no hay tiempo para nada Comoquieras, pero eso no pasa siempre, pasa a veces.

Por eso me gusta besarte y encontrar monedas en tu cuello."




lunes, mayo 19, 2008

Recuerdo de la tumba de Cortazar


A los grandes amores muertos, a ningún lado puede llevárseles flores. Pero a Cortazar, sí. Él tiene nombre y está enterrado junto a su mujer en Paris y la gente le deja cartas y caracoles y caramelos y tickets de metro. Casi nadie le deja flores…

"Me acuerdo que llovía y ya no se veía nada en el cementerio de Paris, tampoco había nadie que te buscara más que yo -Jim Morrison suele ser un tanto más popular que vos y esto te debe caer bien-.
Finalmente logré hallarte y te dejé como todos, como todos los que íbamos a verte, mi ticket de metro y una carta, que claro, no creo que puedas leer a menudo -debe ser difícil salirse de una lápida tan pesada-.
El guarda del cementerio me dijo que cada tanto tiene que limpiar tu tumba porque siempre está la llenan de porquerías…¡Ay! si vivieras… seguro el guarda entendería que no son porquerías; que de noche los cronopios, cuando tienen insomnio, las toman prestadas y llenan sus casas con los que ellos llaman “nuevos adornos” que cuidadosamente colocan en la biblioteca, en el baño o en la mesa de luz y en época de crisis las venden en una feria americana baja el nombre de “recuerdos de la tumba de Cortazar” que las famas compran a elevados precios para regalárselas en Navidad a algún pariente o esperanza, cuyo nombre ni recuerdan".
Gute Saubidet

Gracias nuevamente a Natalia L, por haber ilustrado este posteo. http://www.flickr.com/photos/11245707@N03/